DISCIPLINA POSITIVA: LAS CLAVES.

DISCIPLINA POSITIVA: LAS CLAVES.

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Los niños y los adolescentes suponen un gran regalo en la vida de sus padres, traen alegría, amor y satisfacciones, aunque a veces el envoltorio sea complicado de quitar, y nos dificulte mirar dentro.

Los padres queremos que ellos sean felices, y ellos buscan procurar felicidad a papá y a mamá, pero no siempre sabemos gestionarlo, y en algunas ocasiones se convierte en la tarea más complicada del mundo. La educación de nuestros hijos es el reto por excelencia de los adultos, y para ello necesitamos compromiso, habilidades y creatividad.

La palabra “disciplina” significa “enseñar”, y es requisito indispensable en educación, pero debe presentarse en forma de normas de conducta positivas y adecuadas. Sin embargo, es muy habitual que no se consigan los resultados deseados, y suele ser porque confundimos la disciplina con el castigo. . La disciplina significa enseñar a los niños a desarrollar y a utilizar el autocontrol y el buen criterio enseñándoles habilidades. Con el castigo se pretende que los niños se arrepientan de haberse portado mal, se basa en la creencia de que si los niños sufren por haberse comportado mal, la próxima vez se lo pensarán dos veces.

Un gran error consiste en dar por seguro que los niños piensan antes o después de actuar, pues la mayor parte de las veces se mueven por emociones. Hemos de ser capaces de enseñarles en siguiente proceso: 1) ser conscientes de las emociones que han provocado su conducta; 2) ser capaces de pensar en lo que va a hacer y sus consecuencias; 3) han de saber frenarse y no dejarse llevar por sus emociones. Parece muy complicado, pero es lo que nos pasa a los adultos cuando, en el buen tiempo tras la comida, no nos apetece volver al trabajo y sí disfrutar del día, pero la vocecilla interior nos trae las consecuencias al pensamiento y hace que regresemos a nuestras obligaciones. Se trata de un aprendizaje a base de práctica.

Los cerebros de los niños aún no han acabado de desarrollarse, y no han adquirido las habilidades que necesitan para completar la secuencia emoción-pensamiento-acción (E-P-A). Si ésta no se completa, es muy fácil que las que decidan sean las emociones y los impulsos. A medida que los niños maduran, su cerebro va desarrollando vías neuronales que facilitan el proceso.

Hay cinco pasos fundamentales para conseguir una disciplina efectiva:

1.- Pensar en las emociones, que están muy ligadas a necesidades y frecuentemente suelen bloquear el pensamiento. Es fundamental que los adultos pensemos en las emociones cuando hablemos con los niños, lo que les ha movido a actuar y que las aceptemos tal y como nos las manifiesta. Que ellos se planteen lo que han sentido y nosotros hacer que valore qué hará en el futuro cuando vuelva a sentir lo mismo. Esto contribuye a que los niños comprendan mejor su propia conducta. Se trata de trasladar el tema de conversación desde la conducta inaceptable a las emociones que impulsan la conducta. No es necesario herir sus sentimientos para lograr nuestro objetivo disciplinario. Suele ser contraproducente. Cuando se sienten heridos o se enfadan, es mucho menos probable que obedezcan o que se controlen. Es mejor ayudarles a sentirse inteligentes y capaces.

2.- Preguntar: es la mejor forma de conseguir que presten atención a lo que deben hacer. Cuando la respuesta a la pregunta requiere que digan algo acerca de sí mismos, empiezan a prestar atención a su propia conducta. A su vez, les enseña autocontrol. Este paso engloba cuatro fases: 1) aclarar la conducta positiva que se espera; 2) formular preguntas que centren la atención en la conducta; 3) esperar la respuesta; 4) redirigir hacia la conducta apropiada.

3.- Enseñar habilidades, que pueden ser de dos tipos:

  • de afrontamiento emocional: calmarse cuando están enfadados o tristes, cumplir normas que no les gustan, atender a las emociones de los demás, trabajar cuando no tienen ganas de hacerlo, afrontar la frustración, el
  • sociales: trabajar en equipo, reconocer la autoridad, esperar turno, ser respetuosos, saber decir “no”, pedir ayuda a los demás cuando la necesitan, etc.

Primero, es importante explicarles cómo funciona el proceso E-P-A en el cerebro: sentir la emoción (E) nos permite estar tristes, contentos, enfadados, detectar el peligro. El pensamiento (P) nos sirve para resolver problemas y valorar consecuencias. La acción (A) nos permite saber qué vamos a hacer, cómo nos comportaremos. Cada uno de estos elementos (E P A) se encuentra ubicado en una zona del cerebro, y se unen entre sí por “puentes”, y en un orden concreto. Ocurre lo mismo que en los juegos de ordenador o consola que para llegar al final victoriosos hay que pasar una serie de niveles o pantallas, siguiendo un orden determinado.

En segundo lugar, debemos repasar con los niños la conducta inaceptable, sin criticarles ni regañarles.

En tercer lugar, tenemos que averiguar qué habilidad requieren desarrollar, tomando como objetivo qué ha provocado la conducta, no los hechos en sí mismos, con preguntas del tipo: ¿Cómo crees que ha ocurrido? ¿Qué sentías antes de que pasara? ¿qué estabas pensando? ¿después cómo te has sentido? ¿cuándo te has encontrado bien?

En cuarto lugar, nos centramos en la secuencia de lo ocurrido, intentando que  valoren qué otra cosa podrían haber hecho, y qué harán la próxima vez. A estas alturas, ya sabremos qué habilidad deben desarrollar: empatía, calmarse y esperar, respetar el espacio personal de los demás, etc.

Por último, enseñarles una habilidad nueva consiste en explicarles o ayudarles a que averigüen qué hacer si se vuelve a plantear una situación similar, cómo se calmarían, y que lo practiquen con nosotros.

4.- Repetir frases cortas: el cerebro necesita repetición para crear nuevas conexiones neuronales que modifiquen una conducta. Las frases deben ser cortas, sencillas y positivas, centrándoles en lo que deben hacer. Es necesario comentarla con los niños o adolescentes para que sepan qué hacer cuando las oigan, y llegar a un acuerdo de asumir la responsabilidad de su conducta.

También se puede aplicar la llamada “técnica de las dos frases”, que consiste en darles la instrucción verbal de que se trate en no más de dos frases y luego callarse, sin entrar en discusiones ni batallas. Si es necesario, se repite.

El tono de los adultos debe ser tranquilo, firme y positivo. Es muy probable que los niños o adolescentes se enfaden con nosotros, y eso está perfecto, siempre y cuando hagan lo que deben hacer. Nosotros respetaremos sus emociones y dejaremos que las expresen, sin entrar en conflicto.

5.- Centrarse en lo positivo: pocas cosas son más importantes para una disciplina positiva que prestar atención a las cualidades y rasgos de personalidad positivos. Ayudarán a los niños a desarrollar las habilidades que necesiten para corregir y mejorar su conducta. También les ayudará a avanzar y progresar posteriormente. Tengamos siempre presente que la mayoría de conductas complicadas requieren talento, por lo que siempre hay algo que elogiar en los niños, siempre.

Las expectativas son muy potentes, tanto para bien, como para mal, y solemos confirmar lo que los demás esperan de nosotros. Por eso, es básico pensar en positivo.

Por último, es muy importante elogiar con frecuencia las actitudes o decisiones que toman de forma correcta los niños o los adolescentes, sus puntos fuertes, sus cualidades, lo que más nos gusta de ellos, y llevarlo a futuro, a lo que esas cualidades pueden hacer que ocurra en el futuro si las mantienen. Lo que más atención recibe, se expande.

Hasta aquí el post de hoy. Espero que os resulte de gran ayuda. Bien hecho, funciona, y los resultados no se hacen esperar. Como siempre, estoy encantada de recibir vuestros comentarios o dudas.

Hasta el jueves próximo. ¡Disfrutad de la semana!

Begoña Poza Navarro.


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