Padres, educadores, ¡cuidado con las etiquetas!

Padres, educadores, ¡cuidado con las etiquetas!

El ser humano, sin duda, es “el producto” con más etiquetas de cuantos existen en el mundo.etiq

Según nace, ya empieza a acumularlas, y a lo largo de los años van aumentando de forma espectacular.

No todas tienen la misma fuerza, ni provocan las mismas consecuencias. Depende de quién las ponga, en qué circunstancias y, sobre todo, de cómo las reciba la persona a que van destinadas.

Tenemos la costumbre de decir: “es guapo, es feo, es torpe, es gordo, es antipático, es maleducado, es malo en matemáticas, es tímido, es gracioso, es bueno, es malo, es, es, es….”

¿“ES”? ¿Según quién? ¿Comparado con qué o con quién? ¿En qué circunstancias? ¿En qué ámbito?

Las etiquetas no forman parte de la identidad “per se”. Cuando alguien te “catalogue” de alguna manera o lo hagas tú mismo, hazte las siguientes preguntas: ¿soy eso? ¿forma parte de mi esencia como persona? ¿lo soy en cualquier ámbito de mi vida? ¿siempre? ¿cuántas veces se ha demostrado que “soy” así? ¿me han dicho alguna vez lo contrario?

Hay un ejemplo clásico de etiqueta para los niños que merece la pena analizar, porque es más que recurrente y es muy interesante el papel que juega cada protagonista: señor o señora que dice al niño “uy, qué cara de bicho tienes”. El niño se queda mirándole sin saber qué decir. No contento con eso, hay insistencia “¿eres bueno o malo?” El niño sigue callado hasta que el papá o la mamá contestan por él y, automáticamente, se suma a la opinión.

¿Qué mensaje recibe y acoge ese niño? Lo más normal es que se comporte haciendo gala a su etiqueta, ¡¡aunque sólo sea para no defraudar a su público!!!

etiquetasUn niño no es bueno ni malo, es eso, un niño. A veces se comportará educadamente y de forma obediente, y otras ocurrirá exactamente lo contrario. Por tanto, es sólo un niño.

Las etiquetas se convierten en creencias, que a su vez influyen y mediatizan nuestras emociones, e intoxican nuestros comportamientos. Si todos dicen que soy tímido y yo me lo creo, ante situaciones de exposición en público, por ejemplo, me sentiré nervioso e inseguro, y tomaré actitudes de retraimiento y de huida a la menor oportunidad que surja. Un joven que se considere muy vergonzoso, posiblemente, no querrá hacer exposiciones o presentaciones en público, ni destacar en un puesto importante, ni coordinar a un grupo de gente, ni tratar con clientes o proveedores. Las limitaciones de cara a su futuro profesional pueden ser unas cuantas, y es una pena.

Afortunadamente, esto no siempre es así, y algunos jóvenes no lo toman como parte de su identidad, permitiendo así su evolución lógica que les lleva a una paulatina madurez. Pero, lamentablemente, se trata de una minoría.

Las etiquetas se convierten en parapetos tras los que la persona se esconde para permanecer en su zona de confor, en lo que conoce y le resulta familiar, aunque no siempre le guste, y que irremediablemente limitan, de manera perversa, su aprendizaje.

Muchas veces decimos que no nos gusta ser así, pero nos resulta “imposible” dejar de serlo. Nos da pavor cambiar y saltar a lo desconocido.

Por eso, como padre o madre, tienes la gran responsabilidad de contribuir en gran medida a que tu hijo esté libre del mayor número de etiquetas posible y, por supuesto, de reforzarle y no colgárselas tú. Además, eres un gran ejemplo para él, su referente. Aprovéchalo, ¡está en modo esponja!

¡Hasta la próxima! ¡Vive y disfruta!

Begoña Poza Navarro.

 


4 Comentarios para Padres, educadores, ¡cuidado con las etiquetas!

  1. Muy interesante, Begoña. Supongo que hablas de las etiquetas de forma deliberadamente vaga para incluirlas todas, o mejor dicho, para no excluir ninguna. Estoy pensando específicamente en las etiquetas de GÉNERO, mucho más perniciosas de lo que much@s madres y padres creen, y demasiado consentidas en todo el sistema educativo, sobre todo en los centros más conservadores. Supongo que alguna vez, como psicóloga, habrás pensado que quienes más necesitan terapia (o al menos consejos profesionales) son a menudo los padres y no l@s niñ@s mal llamados ‘diferentes’, ¿o no?

  2. coachingtome

    Buenos días Olga,

    En primer lugar, gracias por tu interesante aportación.

    Efectivamente no he enumerado etiquetas, porque sería prácticamente imposible incluirlas todas, y cada una tiene su importancia, dependiendo de los casos y circunstancias personales. Son muchos los condicionantes que pueden influir en la influencia que una etiqueta determinada tenga sobre una u otra persona, de modo que no podemos generalizar.

    Estoy de acuerdo en que aún se tiende a etiquetar en cuestiones de sexo, aunque es un campo cada vez más trabajado por la sociedad en general. Sin embargo, los calificativos acerca de habilidades y rasgos de personalidad son cada vez más abundantes y perniciosos.

    También coincido contigo en que la educación emocional y en valores debe empezar por los educadores (padres y docentes), pues son el principal punto de referencia para los niños y máximos responsables de su educación. Por eso, desde EsDeFAMILIA trabajamos en la educación emocional sistémica de educadores. Es la piedra angular, el mayor legado para las futuras generaciones.

    Un saludo!!

                                                                                                        (PRIMERA PARTE)

    padre-e-hijo2Son muchos los padres que se sienten agobiados, y tienen un sentimiento de culpa tremendo a causa de pasar poco tiempo con sus hijos en el transcurso de la semana.

    Hoy en día, los trabajos en la mayor parte de empresas privadas o los profesionales autónomos, requieren una exigencia horaria muy elevada, al menos, para las personas que desean poder tener un poder adquisitivo que les permita poder darles a sus hijos el mayor número de cosas posibles, y que disfruten de aquello que ellos no pudieron y sí ansiaron.

    También hay familias que trabajan muchas horas para poder llegar a fin de mes sin que les falte lo imprescindible, y más en el momento actual.

    Por otra parte, existen también los papás y las mamás que, aún teniendo un poder adquisitivo que les permite vivir de forma holgada y darse caprichos, desean mejorar cada día más, e ir prosperando.

    Por último encontramos a quienes aprendieron hace mucho tiempo que el trabajo era una prioridad, que había que echar horas, aunque no las pagase la empresa, porque de lo contrario podían perder su empleo, o que, sencillamente, tienen el hábito de no llegar a casa antes de una hora determinada. Esto de da más entre los papás, sobre todo, los que ocupan puestos de cierta responsabilidad.

    Además, salir de trabajar en muchos casos no implica ir directos a casa, pues muchas veces hay alguna cosa que resolver o comprar o que hacer que retrasa la llegada a casa, momento en que los pequeños y no tan pequeños esperan con entusiasmo o con exigencias, o en sus habitaciones en su mundo, pero lo esperan y lo desean, aunque no siempre lo demuestren.

    Ahora llegan los deberes aún pendientes, el repaso de temas preguntándoles la lección, los baños, cenas, preparativos para el día siguiente y la cama. Es muy difícil por no decir imposible que no se les escape alguna vez aquello de “es que te veo muy poco, y quiero pasar más tiempo contigo”, o “claro, tú llegas te pones a hacer un montón de cosas y ni hablas con nosotros, y si encima no te obedecemos a la primera, te enfadas”, o “conmigo no pagues tus problemas en el trabajo”, o “¿por qué tienes que trabajar tanto? Yo quiero jugar contigo.” Son sólo algunos ejemplos.

    MeHaY aquí es donde aparecen también respuestas del tipo: “yo también quiero pasar más tiempo contigo, pero tengo que trabajar y ganar dinero para que tú puedas hacer o comprarte las cosas que te gustan, y salir a comer por ahí, irnos de vacaciones”, o “a mí también me duele mucho no verte más, pero es que si no, no llegamos a fin de mes”, o “¿y quién va a hacer las cosas si no las hago yo? ¿Qué crees que me apetece llegar cansad@ de trabajar todo el día con agobios, y ponerme a hacer todo esto? A mí también me gustaría sentarme en el sofá y estar contigo, pero no se trata de lo que me gusta, sino de lo que hay que hacer”, o muchas otras que varían según los días, el estado de ánimo y los modales o exigencias con que nos lo digan.

    Una vez que se acuestan y por fin nos sentamos a cenar, muchas veces damos vueltas a lo que nos dicen los niños, y de alguna manera les damos la razón y nos culpabilizamos, tomando la medicina milagrosa que nos permite seguir así de “lo estoy haciendo por ellos y, aunque ahora no lo vean, algún día lo entenderán”……o no.

    Con el paso de los años, cuando un hijo ya adulto comenta a sus padres que casi nunca le leyeron un cuento, o que pocas veces bajaron al parque de lunes a viernes con ellos, o que hubiera deseado tener menos cosas quizá, pero haber pasado más tiempo juntos, ese padre o esa madre siente que se equivocó, que no supo elegir y no era el qué sino el cómo.

    Todas las situaciones, absolutamente todas son válidas y legítimas. Están fuera de todo juicio por mi parte, no me corresponde, y no soy quién ni estoy capacitada para ello. Sí sé una cosa: los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos y lo hacen lo mejor que saben o pueden desde el amor.

    La cuestión es que la realidad es la que es, el mundo laboral sigue sin contemplar en la mayoría de los casos la conciliación de la vida familiar y laboral, y los niños cada vez piden más cosas y más caras, y ya que no podemos pasar más tiempo con ellos, pues intentamos compensarles de alguna manera.

    Entonces, ¿qué podemos hacer para conciliar nosotros ambas facetas sin desatender ninguna? No es tarea fácil, pero tampoco imposible.

    En el post de la próxima semana te daré diez claves para empezar a trabajar en esta conciliación, y ver resultados inmediatos. Ya te anticipo que no es cuestión de cantidad sino de calidad y de libertad de elección siendo consecuente con tus decisiones. ¡No te pierdas el siguiente post!

    ¡Hasta la próxima semana! ¡Vive y disfruta!

     Begoña Poza Navarro.

     

  3. Ana Belen

    Totalmente de acuerdo que para educar y cuidar a nuestros hij@s es necesario que el desarrollo de políticas de conciliación de la vida familiar, personal y laboral, porque los horarios a veces interfieren gravemente en nuestras relaciones familiares. En desacuerdo, en el comentario final, ya que la educación de los hijos es una cuestión no sólo de calidad, la calidad implica cantidad y de ahí la necesidad de medidas conciliadoras.

    Una cuestion también interesante en el cuidado de los hijos, es en la actualidad la carga de deberes que desde muy pequeños soportan las niñas y niños, que provocan situaciones de desigualdad con respecto a otros cuyos padres tienen tiempo y formación. El tiempo que disponen los padres muchas veces tiene que dedicarse a ejercer de “profesores” con sus hijos en vez de poder sacarlos al parque, jugar, hablar, pasear,…

    Pienso que hay muchas cosas que debemos revisar, pero entre ellas es la importancia de la disponibilidad de TIEMPO, sin él hacer malabares es a veces muy complicado.

  4. coachingtome

    Ana Belén,

    Estoy de acuerdo contigo. Me parece que queremos hacerles mayores antes de tiempo y les envolvemos en un estrés diario que, a mi juicio, es innecesario. Están tan volcados en las tareas académicas que nos olvidamos de las sociales y personales. En el parque aprenden a relacionarse y convivir, a negociar y solucionar conflictos, a compartir; no sólo es tiempo de juego, que también lo necesitan.

    Muchísimas gracias por tu aportación y disculpa mi demora en contestarte.

    ¡Un saludo!

                                                                                                        (PRIMERA PARTE)

    padre-e-hijo2Son muchos los padres que se sienten agobiados, y tienen un sentimiento de culpa tremendo a causa de pasar poco tiempo con sus hijos en el transcurso de la semana.

    Hoy en día, los trabajos en la mayor parte de empresas privadas o los profesionales autónomos, requieren una exigencia horaria muy elevada, al menos, para las personas que desean poder tener un poder adquisitivo que les permita poder darles a sus hijos el mayor número de cosas posibles, y que disfruten de aquello que ellos no pudieron y sí ansiaron.

    También hay familias que trabajan muchas horas para poder llegar a fin de mes sin que les falte lo imprescindible, y más en el momento actual.

    Por otra parte, existen también los papás y las mamás que, aún teniendo un poder adquisitivo que les permite vivir de forma holgada y darse caprichos, desean mejorar cada día más, e ir prosperando.

    Por último encontramos a quienes aprendieron hace mucho tiempo que el trabajo era una prioridad, que había que echar horas, aunque no las pagase la empresa, porque de lo contrario podían perder su empleo, o que, sencillamente, tienen el hábito de no llegar a casa antes de una hora determinada. Esto de da más entre los papás, sobre todo, los que ocupan puestos de cierta responsabilidad.

    Además, salir de trabajar en muchos casos no implica ir directos a casa, pues muchas veces hay alguna cosa que resolver o comprar o que hacer que retrasa la llegada a casa, momento en que los pequeños y no tan pequeños esperan con entusiasmo o con exigencias, o en sus habitaciones en su mundo, pero lo esperan y lo desean, aunque no siempre lo demuestren.

    Ahora llegan los deberes aún pendientes, el repaso de temas preguntándoles la lección, los baños, cenas, preparativos para el día siguiente y la cama. Es muy difícil por no decir imposible que no se les escape alguna vez aquello de “es que te veo muy poco, y quiero pasar más tiempo contigo”, o “claro, tú llegas te pones a hacer un montón de cosas y ni hablas con nosotros, y si encima no te obedecemos a la primera, te enfadas”, o “conmigo no pagues tus problemas en el trabajo”, o “¿por qué tienes que trabajar tanto? Yo quiero jugar contigo.” Son sólo algunos ejemplos.

    MeHaY aquí es donde aparecen también respuestas del tipo: “yo también quiero pasar más tiempo contigo, pero tengo que trabajar y ganar dinero para que tú puedas hacer o comprarte las cosas que te gustan, y salir a comer por ahí, irnos de vacaciones”, o “a mí también me duele mucho no verte más, pero es que si no, no llegamos a fin de mes”, o “¿y quién va a hacer las cosas si no las hago yo? ¿Qué crees que me apetece llegar cansad@ de trabajar todo el día con agobios, y ponerme a hacer todo esto? A mí también me gustaría sentarme en el sofá y estar contigo, pero no se trata de lo que me gusta, sino de lo que hay que hacer”, o muchas otras que varían según los días, el estado de ánimo y los modales o exigencias con que nos lo digan.

    Una vez que se acuestan y por fin nos sentamos a cenar, muchas veces damos vueltas a lo que nos dicen los niños, y de alguna manera les damos la razón y nos culpabilizamos, tomando la medicina milagrosa que nos permite seguir así de “lo estoy haciendo por ellos y, aunque ahora no lo vean, algún día lo entenderán”……o no.

    Con el paso de los años, cuando un hijo ya adulto comenta a sus padres que casi nunca le leyeron un cuento, o que pocas veces bajaron al parque de lunes a viernes con ellos, o que hubiera deseado tener menos cosas quizá, pero haber pasado más tiempo juntos, ese padre o esa madre siente que se equivocó, que no supo elegir y no era el qué sino el cómo.

    Todas las situaciones, absolutamente todas son válidas y legítimas. Están fuera de todo juicio por mi parte, no me corresponde, y no soy quién ni estoy capacitada para ello. Sí sé una cosa: los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos y lo hacen lo mejor que saben o pueden desde el amor.

    La cuestión es que la realidad es la que es, el mundo laboral sigue sin contemplar en la mayoría de los casos la conciliación de la vida familiar y laboral, y los niños cada vez piden más cosas y más caras, y ya que no podemos pasar más tiempo con ellos, pues intentamos compensarles de alguna manera.

    Entonces, ¿qué podemos hacer para conciliar nosotros ambas facetas sin desatender ninguna? No es tarea fácil, pero tampoco imposible.

    En el post de la próxima semana te daré diez claves para empezar a trabajar en esta conciliación, y ver resultados inmediatos. Ya te anticipo que no es cuestión de cantidad sino de calidad y de libertad de elección siendo consecuente con tus decisiones. ¡No te pierdas el siguiente post!

    ¡Hasta la próxima semana! ¡Vive y disfruta!

     Begoña Poza Navarro.

     

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