ME HE EQUIVOCADO

ME HE EQUIVOCADO

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¿Quién no ha oído alguna vez aquello de “equivocarse es de sabios”? Y yo añadiría: “siempre y cuando reconozcas tu error, asumas sus consecuencias y aprendas de él”.

Equivocarnos nos equivocamos todos, pero en la segunda parte flojeamos bastante.

¿Por qué nos cuesta tanto reconocer una equivocación? ¿Por qué mentimos o lo tapamos inventando las historias más inverosímiles? Tenemos miedo a las consecuencias, a lo que los demás piensen o nos digan, a lo que hagan, a lo que pueda ocurrirnos. Desde muy pequeños crecemos con la “amenaza” de lo que puede pasar.

Cuando el error es gracioso, o tiene poca importancia, o tenemos coartada para él (encontramos alguna manera de justificarlo, normalmente escudándonos en los otros), nos resulta más sencillo confesar y hablar de ello.

Si por el contrario nos causa vergüenza reconocerlo, o sabemos que es una gran metedura de pata, o que nuestro entorno lo desaprueba, que no es políticamente correcto, entonces, podemos llegar a ser los mayores creativos del mundo y mover montañas para no ser descubiertos. ¿Cuántas mentiras o secretos que encubrían se han desvelado accidentalmente al cabo de muchos años, incluso de varias generaciones?

Las personas realmente sabias dicen que un error es un paso certero hacia el éxito, una oportunidad de aprender y acercarnos a lo que pretendemos. Yo estoy convencida de ello.

Pero, ¿cómo vamos a aprender de algo que ni siquiera somos capaces de reconocer? ¿Cómo vamos a aprender si nos juzgamos tan duramente que nos quedamos paralizados? Así es muy difícil.

¿Te ha ocurrido alguna vez estar invadido por el miedo a contar una metedura de pata y una vez que lo has contado te has dado cuenta de que no era para tanto, que han sido peores las consecuencias en tu interior que las del exterior? Anticipamos constantemente resultados, ya sean nuestros o de los demás, hasta el punto de llegar a condicionar nuestro comportamiento.

¿Has vivido alguna situación en la que hayas acabado dando las gracias a un error tuyo porque eso te dio la oportunidad de vivir algo bueno para ti o los tuyos? Esto ocurre, pero lo atribuimos al azar y no le damos importancia.

Lo cierto es que una mentira con la que tapas algo que te avergüenza o te da miedo confesar, no es más que una losa impresionante que llevas a cuestas el resto de tu vida, y que puede condicionarla, e incluso transformarla. Cierto es que a veces puede ser muy duro y doloroso para terceras personas tu error, pero sólo habrá aprendizaje y crecimiento personal sano para todos si se reconoce y se asume. De lo contrario, será un lastre que de inmediato está limitando tu potencial.

Si estás en una situación de este tipo, quizá te ayude plantearte preguntas como estas: ¿qué puede pasar si lo cuento? ¿Qué puede pasar si no lo cuento? ¿Qué beneficios obtengo yo en cualquiera de los dos casos?¿Qué es lo peor que me puede pasar? ¿Y si se acaba descubriendo por terceras personas? ¿Cómo actuaría en tu situación …. (alguien a quien admires mucho)? ¿Cómo actuaría yo si estuviera en el otro lado (si fuera el que se entera de la equivocación de otro)?

Igual no te resuelven el dilema, pero seguro que te ayudan a despejar un poco el bosque de las malas hierbas que te impiden ver con claridad.

Sea como sea, la gran mayoría de las personas dice que detesta la mentira, y que prefiere saber la verdad, aunque sea doloroso. Posiblemente esa misma mayoría miente a veces “para evitar sufrimiento a otros”. En definitiva, cuando las emociones llaman a nuestra puerta, un error se convierte en El ERROR, y nos viene tan grande, que la forma de gestionarlo a menudo se nos va de las manos.

Intenta relativizarlo, ser generoso contigo, ver qué puedes aprender de ello, analizar qué posibilidades te ofrece, reírte incluso, mirarte con cariño, como mirarías a un niño angustiado que estuviera en tu situación. Sé honesto contigo mismo y con los demás hasta donde puedas.

En cualquier caso, hagas lo que hagas finalmente, tus razones tendrás para ello, y son tuyas, no tienes que justificarte. Tu decisión será la perfecta para ti en tu lugar y contexto. Eso sí, asúmelo y no dejes que tu vida se pare ahí, ¡tienes mucho que tomar y que dar! Sólo podemos dar si previamente hemos tomado.

Me encantaría que tomaras estas palabras y te animaras a probar si te sirven de ayuda a ti o a otras personas que conozcas.

¡Disfruta de todo lo que te depare la semana! ¡Hasta pronto!

Begoña Poza.


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