¿SE LO DIRÍAS A UN AMIGO?

¿SE LO DIRÍAS A UN AMIGO?

shutterstock_186947990¿Por qué los adultos piensan que muchas veces lo que ellos van a contar es más importante o más interesante que lo que pueda decir un niño? ¿Has dicho u oído alguna vez expresiones como: “calla, que estamos hablando los mayores”, o “cuando yo hablo tú te callas”? ¿Por qué das por hecho que lo que el niño va a contar o decir carece de importancia, o ésta es ínfima?

Es cierto que una parte de la educación es que aprendan a desarrollar la escucha y a esperar su turno para hablar sin interrumpir a quien tiene la palabra. Es uno de los primeros objetivos que deben superar los niños ya en la primera etapa de Educación Infantil, y que es muy relevante. Cierto es que desarrollar estas habilidades de escucha activa y respeto hacia los demás son valiosísimas en su desarrollo como persona, entre otras cosas, porque pocos adultos cuentan con ellas.

¿Cómo podemos pedir a un niño que escuche a los demás si a menudo no se siente escuchado? Es mucho más rápido el aprendizaje a través de la experiencia que de lo que nos cuentan, y este ejemplo es una clara demostración.

Recuerdo cuando era pequeña ir con mi madre a hacer la compra y encontrarnos por el camino con alguna conocida o amiga suya. Se ponían a hablar y podían llegar a alargarse durante una hora, en la que por supuesto yo tenía que esperar pacientemente hasta que terminaran sin interrumpir ni participar de la conversación. Y esto no era lo peor, sino que además mi madre me decía que era de mala educación escuchar las conversaciones de los demás “embobada”. Yo no entendía nada: ¿qué debía hacer? ¿ponerme a una distancia prudencial mirando a otro lado durante una hora y tapándome los oídos???

Era un rollo, porque lo que tenía que hacer era disimular, hacer que no escuchaba, ya que no escuchar era inevitable.

Cuando fui creciendo empecé a darme cuenta de que en el autobús o en el metro todo el mundo trataba de escuchar conversaciones ajenas, que eso que me contaba mi madre no era lo que yo veía en la calle. ¿Acaso tú no has sufrido alguna vez esa experiencia de estar atrapado en una conversación ajena que incluso luego has comentado con alguien? Eso no es cotillear, sino aprovechar tiempos muertos desarrollando la capacidad de escucha que tanto nos han inculcado desde pequeños. ¡Seamos sinceros!

Si generación tras generación el discurso teórico se ha ido repitiendo y la práctica también, pero en sentido inverso, ¿no crees que ya va siendo hora de aplicar un poquito de coherencia?

¿Conoces a algún adulto que permanezca callado durante una hora mientras tú hablas con otra persona, de pie a tu lado, sin escuchar ni miraros, ni posibilidad de irse a hacer otra cosa mientras espera? Y lo que es más importante aún, ¿te atreves tú a exigirle a algún amigo, familiar adulto, o conocido que tenga este comportamiento? ¿Qué harías tú en su lugar?

Empieza por dar ejemplo de escucha, de generosidad y de coherencia. No pidas que otros hagan lo que tú no harías, y más tratándose de niños. Si quieres hablar con alguien sin prisa, y que tu hijo esté entretenido, no interrumpa ni escuche, dale alternativas. Pónselo fácil, sé comprensivo, empatiza con él. Quizá sea mejor para todos posponer esa conversación, o no extenderse, o buscar un parque donde pueda jugar mientras espera, o aceptar que el niño se impaciente y escuchar sus protestas y comentarios y, por supuesto, dar por hecho que va a enterarse de todo lo que habléis.

Cuando dudes acerca de si procede o no decirle o exigirle algo a un niño plantéate estas preguntas: ¿se lo diría a un amigo? o ¿cómo me sentiría si me lo hicieran a mí?

Somos diferentes en edad, pero no en sentimientos.

Como siempre, espero que este post te resulte interesante y sea de utilidad para ti.

¡Hasta la próxima semana! ¡Vive y Disfruta!

 

Begoña Poza Navarro.


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