UN GESTO DE AMOR

UN GESTO DE AMOR

 

shutterstock_113799037

En la vida todo empieza con papá y mamá. Si no fuera por ellos, no estaríamos aquí, de modo que les debemos la vida en el sentido más amplio de la palabra.

Eso ya es mucho, más que suficiente, pero se dice muchas veces y parece que con traernos al mundo estuviera todo hecho.

Mamá nos lleva en su vientre durante nueve meses aproximadamente y, en muchos casos es un tiempo de dicha, pero en otros se convierte en un sacrificio difícil de llevar por embarazos complicados. En el mejor de los casos, está en continua alerta, que no alarma, cada vez que acude a hacerse una prueba hasta que le dicen que todo está bien y el bebé sano. Sin embargo, sentirle dentro de su vientre lo es todo, y merece la pena con creces vivir la parte menos grata.

El momento del nacimiento, con frecuencia, es duro, y el postparto muchas veces también. Aquí empiezan las noches sin dormir, el sufrimiento cuando se pone malito, se reduce la libertad de la mujer en favor de la madre, el encorsetamiento de horarios, la obligación de hacer comidas, cenas, madrugar, renunciar a algunos caprichos, etc… Y todo esto mamá lo asume con amor, un amor incondicional hacia su hijo, ese amor que sólo mamá y papá pueden dar.  Es así cuando es pequeñito, cuando es adolescente, adulto y, en definitiva, de por vida.

En cuanto a papá, más de lo mismo porque, aunque no lleva al bebé en su vientre ni da a luz o el pecho, sí comparte muchas de las tareas y cambios que trae consigo la llegada de un hijo, además de verse durante un tiempo un poquito desplazado en casa. A veces se siente invisible y un poco solo.

Ambos llevan y recogen al niño del colegio, a las extraescolares, a los cumpleaños de los amigos, a actividades de ocio, repasan las lecciones, escuchan y consuelan al pequeño cuando algo le preocupa, van a buscarle a horas intempestivas cuando sale con sus amigos, le acompañan a la firma de discos de sus ídolos, le hacen el disfraz para la función del colegio, pasan la noche en vela cuando está malito, y acaban cada día rendidos después de la jornada laboral primero y la familiar después.

A medida que va cumpliendo años el hijo, papá y mamá van viendo cómo se hace autosuficiente, necesita y exige su autonomía y su espacio, y va poniendo cierta distancia con ellos. Cuando forma una familia, papá y mamá, normalmente, están ahí para lo que se les necesite que, en muchas ocasiones, es cuidar de los nietos, pese a que ya no están en edad apropiada para ello y muchas veces, más que un disfrute se convierte en una obligación que exige gran responsabilidad.

En definitiva, siempre están ahí, dando todo lo que pueden dar, eso sí, como saben hacerlo, que no tiene por qué ser igual que lo hace el hijo.

Pues que de pequeñito adora a papá y a mamá, les ve como modelos a seguir, súper héroes que todo lo saben y lo pueden.¿Y qué hay del hijo?

A medida que va creciendo y dándose cuenta de que sus padres no son perfectos, que son humanos como él, que se equivocan, no lo saben todo, a veces se muestran débiles…., tiene tendencia a despreciar sus consejos, a desobedecer sus normas, a ser prepotente y a pensar que sabe más que ellos. Esto forma parte del proceso madurativo del niño, nada más, no es ningún monstruo.

Poco a poco, se va convirtiendo en un duro y, muchas veces, injusto Juez, que se permite la libertad de opinar sobre todo lo que ellos hacen, de inmiscuirse en las vidas de papá y mamá, creyendo que la realidad que él ve es más acertada que la que ellos viven o sienten, sin escucharles, haciéndoles de reproches sobre sus equivocaciones, sobre lo que hicieron y hacen mal, a su juicio, siempre a su juicio.

En algunos casos, incluso, cuando ya los padres son ancianos y el hijo tiene sus propias obligaciones y responsabilidades, hasta se olvida un poco de ellos y sus necesidades, de visitarles, de darles un poco de cariño. Porque eso es lo que quieren papá y mamá, una muestra de cariño, un te quiero, una sonrisa, un gesto que les haga sentir el amor y el calor de sus hijos. No esperan gratitud, porque nada de lo que hicieron fue buscando un “gracias”, y fíjate, es por donde debería empezar cada hijo, por la gratitud ante todo lo que ha recibido.

Sé que en muchos casos las cosas no son así, o quizá no se han mirado desde esta perspectiva pero, salvando las distancias, indudablemente todos hemos tenido un papá y una mamá que nos han dado la vida, nos han criado y educado como han podido o sabido y en las circunstancias de su contexto, que muchas veces desconocemos o no comprendemos, pero que debemos respetar y no entrar a valorar.

Hicieron lo que pudieron con todo su amor, y así está perfecto, fue suficiente. Quizá en algún momento has sido ingrato o injusto, o no has sabido gestionar tus sentimientos con ellos por ira, rabia, miedo o desconocimiento, pero te invito a que saques toda la generosidad de la que seas capaz, olvides al humano y mires a papá y a mamá, valores su entrega, su sacrificio, su amor y se lo agradezcas, como sepas, como te salga: un simple gracias, un beso, un abrazo, una caricia, una sonrisa, un “te quiero”…… les harás dichosos, como cuando de bebé se lo hacías o decías y convertías su día rutinario en otro perfecto.

Este post quiero dedicárselo a todos los padres y madres del mundo y, en particular a los míos y todos nuestros antepasados. ¡Gracias a todos vosotros estoy yo aquí! ¡¡Mil gracias de corazón!!

Inténtalo, les harás felices. ¡Hasta la próxima semana!

Begoña Poza.


Últimos Posts