¿VIVES O SOBREVIVES?

¿VIVES O SOBREVIVES?

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¿Vives o sobrevives? ¿Disfrutas de la vida o ves pasar los días?

A simple vista, puede parecer lo mismo, pero hay un abismo entre cada una de las dos opciones, y la diferencia básica está en ti, en tu actitud ante la vida.

Fíjate, en las siguientes expresiones: “es un vividor”; “si me toca la lotería, o cuando me jubile me voy a dedicar a vivir la vida”; “este se dedica a vivir la vida padre”.

Si te das cuenta, o se dicen en un contexto de crítica, incluso peyorativo, o en uno de azar o a conseguir a futuro. ¿Qué tiene de malo ser un vividor? ¿No te parece una maravilla? ¿Tenemos 365 días al año, y hemos de esperar a que nos toque la lotería o, en el mejor de los casos a jubilarnos (si es que nos jubilamos), para vivir la vida? Desde luego, yo no.

Vivimos en una sociedad en la que se critica a los vividores, a quienes exprimen el día a día y se beben su jugo, a quienes aprovechan cualquier oportunidad de disfrute, a quienes viajan o cogen vacaciones cuando el resto trabaja, a quienes salen a pasarlo bien entre semana, a quienes de pronto un día deciden celebrar que la jornada ha sido buena, a quienes salen pronto de trabajar para hacer otras cosas, a quienes deciden no hacer nada y disfrutar de sus momentos de silencio y contemplación, a quienes un martes cualquiera dejan a sus hijos con una canguro y salen a cenar juntos, con dedicación plena al otro, y en definitiva,  a quienes buscan cada día ese plus que le hace especial e irrepetible.

¿Por qué? No lo sé, pero lo que sí intuyo es que la mayoría de personas que lo critican, estarían encantadas de estar en el lugar de esos “vividores”, sólo que es más fácil denostarlo que tratar de emularlo.

La gran diferencia entre vivir y sobrevivir es la actitud con que cada uno afronta la vida: activa o pasiva, proactiva o reactiva.

¿Qué haces tú? ¿Esperas a que alguien te proponga un plan, o lo promueves tú? ¿Intentas cada día encontrar lo que necesitas, lo buscas? ¿Tratas de hacer de lo ordinario algo extraordinario? ¿Orientas tus pasos hacia donde quieres dirigirte, o caminas por donde puedes y te permiten? ¿Has hecho algo “especial” en los dos últimos días? ¿En la última semana? ¿Asumes riesgos?

Sobrevivir es mucho, la base de nuestra existencia. Vivir es el motivo y la palanca que nos lleva hacia delante en el camino a la felicidad.

Esta diferencia se ve muy clara con los jubilados. La mayoría estaban deseando jubilarse para “vivir la vida”, y muchos de ellos, una vez jubilados, van dejando pasar los días sin hacer nada diferente de uno a otro. Siguen una rutina, igual que cuando trabajaban, sin aspirar a salir del cascarón que les mantiene resguardados, sin darse permiso o atreverse a experimentar y buscar otras sensaciones. En cambio, hay otros que de pronto quieren aprender y hacer cosas que antes no pudieron, por el tipo de vida que llevaban, y buscan viajar y conocer gente, vivir experiencias y disfrutar de esta nueva y dulce etapa que les sirve la vida.

Probablemente, los que de jóvenes sobrevivían, ahora jubilados sobreviven, y muchos de los que vivieron en su juventud, jubilados también busquen vivir. Al final, hacemos lo que hemos aprendido y nos ha funcionado. Por supuesto, habrá excepciones en un sentido y en otro.

No estoy hablando de dinero, ni de lujos, ni de clases sociales, sino de actitud. En detalles muy pequeños y muy simples, a veces incluso gratuitos, estriba la diferencia entre vivir y sobrevivir.

¿Dónde estás tú? ¿Dónde te gustaría estar? Sean cuales sean las respuestas, está perfecto si a ti te satisface y te hace feliz.

¡Hasta la próxima semana! ¡Vive y disfruta!

 

Begoña Poza Navarro.


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